Película que cuenta la historia del doctor Jack Kevorkian, también conocido como “Doctor Muerte”, famoso por asistir a más de 130 eutanasias y encarcelado durante ocho años por asesinato en segundo grado. Kevorkian es una de las principales figuras médicas en la repesentación de los derechos a morir en pacientes terminales. Al Pacino dará vida a Kerovkian, John Goodman encarnará a Neal Nicol, uno de los principales colaboradores de Kerkovian en sus polémicas actividades, y Susan Sarandon es la encargada de interpretar a la activista Janet Good, quien abogó junto al doctor por la defensa del suicidio en enfermos sin cura y permitió la aplicación de los servicios de Kerkovian cuando le fue diagnosticado un cáncer terminal.

El realizador utiliza algunos recursos de cámara propios del documental, no sólo para la recreación de las grabaciones que el doctor Kevorkian hacía, sino en algunos momentos puntuales que dota de más realismo la historia que nos quiere mostrar. Consigue, en parte gracias a un siempre magnífico Al Pacino, transmitirnos la forma de pensar de este revolucionario septuagenario demostrándonos que la rebeldía no muere con la edad. Nos enseña también su relación con su hermana (una gran Brenda Vaccaro), su gran confidente, y nos demuestra su gran coherencia y determinación no negando su servicio incluso a un ser cercano.

Los acompañantes de Pacino en esta ocasión están a la altura del protagonista aunque debemos decir que la señora Sarandon muy difícilmente conseguira desencasillarse desde que hiciera, la controvertida en su época Pena de Muerte (Tim Robbins, 1995).
El resultado final es un trabajo correcto en todos sus aspectos, no tanto como película sino como testimonio de una historia que merece ser contada, con el problema añadido de que no será una cinta muy distribuida por tratarse de un tema tan delicado como la eutanasia.
Lo mejor: las intervenciones de Kevorkian en los juicios.
Lo peor: que será muy poca tenida en cuenta por gran parte del público por el tema que trata.